LOS PREPLATÓNICOS O PRESOCRÁTICOS
Apuntes para el Curso de Introducción a la Filosofía antigua para Lic. en Literatura Universidad Alberto Hurtado
PROF: HÉCTOR FERNÁNDEZ C.
LOS PRESOCRÁTICOS.
Se llama presocráticos al conjunto de pensadores griegos anteriores a Sócrates. Este término no denota solamente una clasificación cronológica, ya que entre los presocráticos se incluyen también filósofos contemporáneos de Sócrates pero que siguieron las orientaciones teóricas de los filósofos de los siglos VI y V a.C. (anteriores a la renovación conceptual realizada por Sócrates, que se toma como un punto de inflexión que marca la historia del pensamiento de forma decisiva). Entre los autores presocráticos contemporáneos de Sócrates destacan el atomista Demócrito, el naturalista ecléctico Diógenes de Apolonia y muchos sofistas.
Los filósofos presocráticos fueron los primeros pensadores que rompieron con las formas míticas de pensamiento para empezar a edificar una reflexión racional. Es decir, fueron los primeros que iniciaron el llamado “paso del mito al logos”, proceso propiciado por las especiales características de espíritu crítico y condiciones sociales que permitieron una especulación libre de ataduras a dogmas y textos sagrados. En este sentido, son tanto filósofos como cosmólogos, físicos o, más en general, “sabios”. Y, aunque comparten algunas características comunes, no forman un grupo bien definido sino que se dividen en diversas escuelas de pensamiento, a veces muy alejadas unas de otras.
Uno de los problemas fundamentales que presenta el conocimiento del pensamiento de dichos autores es la casi total carencia de fuentes directas, ya que solamente se conservan fragmentos y citas de sus obras, por lo que debe recurrirse al trabajo de los doxógrafos para la reconstrucción de su filosofía. Por ello, la valoración histórica que se ha hecho de los presocráticos ha variado mucho en la historia de la filosofía. Aristóteles es el primero en atribuirles una cierta importancia, pero los presenta como meros iniciadores de una tradición que, a través de Sócrates y Platón, tiene en su propia obra el desarrollo más adecuado. Posteriormente, estos pensadores fueron prácticamente olvidados hasta que, en la época moderna, Hegel los reivindicó y valoró muy positivamente la gran originalidad de su vigoroso pensamiento. Entonces se emprendió la vasta tarea de recopilación de un pensamiento que había permanecido disperso, conocido sólo por las referencias de Aristóteles, Diógenes Laercio y algunos doxógrafos antiguos.
El filósofo Hermann Diels fue quien hizo una brillante labor de recopilación y edición de los fragmentos de los presocráticos, y en épocas recientes se ha tendido a ir valorando cada vez más su pensamiento. Nietzsche consideraba que con Sócrates comenzaba la decadencia de la gran filosofía que había aparecido con los presocráticos, y Heidegger, en un sentido similar, afirmaba que sólo ellos pueden hacernos comprender la verdadera fuente de la filosofía que después de los presocráticos quedó convertida en metafísica y onto-teo-logía , de manera que la tradición filosófica habría olvidado la diferencia ontológica. La interpretación heideggeriana de los presocráticos parte de considerar que su pregunta por el ser es, simultáneamente, la pregunta por la verdad, ya que entiende ésta como G8Z2,4" , o desvelamiento del ser . La evolución de la filosofía posterior, que culminó en la metafísica y la lógica de Aristóteles, tendió hacia el ocultamiento del ser para ocuparse de lo ente .
Desde otra perspectiva, el pensamiento de los presocráticos plantea el problema de la ruptura o de la continuidad respecto del pensamiento anterior y respecto de las influencias del pensamiento oriental. Olvidada ya la tesis de un pretendido “milagro griego”, los autores contemporáneos destacan tanto las raíces basadas en el pensamiento mítico del primer pensamiento presocrático (especialmente se destaca la influencia de la cosmogonía mítica de Homero y de Hesíodo), como la recepción de determinados desarrollos intelectuales (especialmente de la astronomía y la matemática) del pensamiento oriental (fundamentalmente caldeo, babilonio, persa y egipcio). Pero, si bien se dan estas influencias, también se destaca el aspecto radicalmente innovador y crítico del pensamiento de los primeros filósofos. Entre los milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) se desarrollará una cosmología y una cosmogonía sin referencia a dioses ni entidades sobrenaturales, en lugar de ello, se explica a partir de los conceptos de NbF4H (physis), GDPZ (arkhé) y i`F:@H (cosmos). Ya no se trata de una concepción mítica que intenta explicar apelando a unos orígenes remotos y a una historia, sino que se trata de una verdadera teoría. En este proceso los presocráticos comienzan a separarse de las representaciones antropomórficas, fuertemente criticadas por Jenófanes de Colofón.
LA PHYSIS (NbF4H)
La preocupación y el centro de atención de los presocráticos era la NbF4H (physis). Procede de la raíz indoeuropea bhû que en sánscrito significa nacer, producirse algo, brotar, o como sustantivo: lugar, estado. En este sentido puede traducirse por naturaleza -del latín nascor- que también significa nacer, generar) En su primera acepción, pues, la physis designa tanto el origen como el desarrollo de cualquier cosa o proceso. Especialmente éste es el sentido que adquiere en la primera filosofía presocrática, razón por la que Aristóteles les llama los físicos (refiriéndose a los jónicos, Empédocles, Anaxágoras y los atomistas, y excluyendo a los eleatas y los pitagóricos: Física, 184b 17). En cuanto que para los milesios la physis es la causa de todo movimiento y de toda vida, esta noción va unida a su hilozoísmo . En el período sofista la physis se contrapone al nomos, como aquello que tiene su razón de ser en sí mismo respecto de lo que es fruto de un convenio, acuerdo o convención. De ahí que Antifonte afirme que mientras las leyes humanas pueden ser transgredidas, las leyes de la NbF4H no pueden serlo.
Para Aristóteles mismo la physis es la causa inmanente de todo cambio, por tanto, del reposo y del movimiento:
Naturaleza es, pues, lo que se ha dicho. Y las cosas que tienen tal principio se dice que “tienen naturaleza”. Cada una de estas cosas es una substancia, pues es un substrato y la naturaleza está siempre en un substrato. Y se dice que son “conforme a naturaleza” todas esas cosas y cuanto les pertenece por sí mismas, como al fuego el desplazarse hacia arriba; pues este desplazamiento no es “naturaleza”, ni “tiene naturaleza”, pero es “por naturaleza” y “conforme a naturaleza”.
(Física, 192b 13).
En otras palabras, hablamos de la esencia de los seres que poseen en sí mismos el principio de su movimiento. Ello permite distinguir las cosas que son por NbF4H, de las cosas que son por techné (JXP<0), o cosas artificiales y que implican la intervención de la actividad humana. También las cosas que son por NbF4H se distinguen de los entes no engendrados o eternos, objeto de estudio de las matemáticas y la filosofía primera. En lo que es natural rige el principio inmanente del cambio que impulsa dichas cosas hacia la realización plena de su propia esencia en función de un fin (teleología), mientras que lo que es artificial (por JXP<0) es un mero artefacto que no posee en sí mismo actividad, y en la medida en que la posee es porque accidentalmente está constituido por madera, hierro, tierra o cualquier otro elemento natural. Posteriormente los estoicos relacionarán la NbF4H con el fuego (Bu½¢D) y, en cuanto que principio activo, la asociarán con el logos (8`(@H). La ética, según ellos, deriva de las leyes de la misma NbF4H, y el sabio es quien sigue los designios de la naturaleza . Por su parte los neoplatónicos conciben la NbF4H como la parte más inferior del alma, en contacto con lo que ya casi propiamente no es, razón por la que Plotino define la NbF4H como el alma fuera de sí. En el cristianismo, fuertemente influenciado por el estoicismo y el neoplatonismo, se tiene en cuenta, no obstante, la necesaria separación entre Dios creador y naturaleza creada, puesto que se trata de una teología de la pura trascendencia, no de la inmanencia propia del pensamiento pagano .
Entonces podemos entender la NbF4H como naturaleza que refiere semánticamente a natura (del latín, el hecho de nacer, la constitución de algo, de nascor, nacer, originarse) según la traducción del griego por Cicerón de nbF4l, de nb@:"4, phýomai, nacer, originarse, surgir). En sus dos acepciones básicas, naturaleza es el conjunto de las cosas que constituyen el universo o la esencia de una cosa que, a modo de principio activo, hace que ésta manifieste un determinado conjunto de propiedades características. Etimológicamente, tanto en griego (NbF4H) como en latín (natura), el término se refiere al “nacimiento” o a la “producción” de las cosas, y así lo entendieron los presocráticos, autores de las primeras teorías sobre el “principio”, o arkhé (GDPZ), en que se supone consiste la naturaleza. Aristóteles presenta la primera definición formal de naturaleza, como la “sustancia que posee en sí misma el principio del movimiento”, y este criterio le permite nombrar un conjunto de cosas que son “por naturaleza”: los animales, las plantas y los cuerpos simples de donde todo procede (Metafísica, I. V,c 4 1015a 15) distinguiéndolas, por lo demás, cuidadosamente de lo que es producido por la tékhne, el arte, también principio productivo.
Los sistemas helenistas entienden preferentemente la naturaleza como el sistema de todo el conjunto, como universo o kosmos (i`F:@H): para los estoicos, en efecto, naturaleza, Dios, fuego y razón son lo mismo, y de ahí derivan su ética, según la cual es preciso vivir de acuerdo con la naturaleza, “según la naturaleza de cada uno y según la naturaleza del Universo” ; asimismo, para los epicúreos, la naturaleza es el “todo” -átomos y vacío- y de acuerdo con este todo hay que construir la lógica, la física y la moral. Unos y otros mantienen el lema de naturam sequi (seguir a la naturaleza), que luego renuevan los humanistas del Renacimiento.
La naturaleza de los grandes sistemas helenistas, estoicos y epicúreos, es el cosmos racional y divino con el que ha de identificarse el hombre, que no es más que una parte del mismo (ver microcosmos y macrocosmos). El cristianismo modifica sustancialmente la noción de naturaleza, por lo menos en dos sentidos:
1) la naturaleza es creada, por lo que, aun conservando la idea de un todo autónomo dotado de sus propias leyes, su sentido último es trascendente, y el hombre no pertenece sólo a un orden natural, sino también a un orden sobrenatural; el hombre pertenece al mundo de la naturaleza y al de la gracia.
2) Por esto mismo, la moralidad no es conformidad a lo natural, sino a lo sobrenatural, y la naturaleza no marca ya la medida de la moralidad; además, y en consonancia, con esto, el hombre experimenta libertad con relación a la naturaleza: no es mera naturaleza y lo que es el hombre se entiende desde consideraciones sobrenaturales.
Los primeros en tomar conciencia de lo humano -lo histórico y lo cultural- frente a lo natural son los sofistas, que introducen una distinción entre lo que es por naturaleza (phýsis) y lo que es por convención (nómos) . El neoplatonismo aleja la naturaleza hacia el extremo inferior de la emanación y esta idea, cristianizada, domina en toda la Edad Media bajo el esquema del exitus-reditus, o del ascensus y descensus (de la unidad a la pluralidad y de ésta, de nuevo, a aquélla; de Dios hacia la naturaleza y de ésta a Dios). Toda la realidad es vista desde la perspectiva cristiana: la naturaleza creada es la obra divina, que no es negada por el mundo sobrenatural sino que la “complementa”. La distinción entre Natura naturata y Natura naturans, del Periphyseon de Escoto Eriúgena , nacida de los mismos presupuestos, y que no resulta del todo ortodoxa, es una grandiosa visión global del conjunto de la realidad que inspirará panteísmos posteriores.
LAS ESCUELAS Y LOS PENSADORES PRESOCRÁTICOS.
Las escuelas y autores presocráticos suelen clasificarse atendiendo a diversos (y a veces algo disimiles) criterios. En primer lugar se suelen tener en cuenta dos grandes líneas de pensamiento de los primeros pensadores que se relacionan con el diverso origen geográfico: los filósofos de Jonia (los de la escuela de Mileto y Heráclito), y los itálicos o filósofos de la Magna Grecia (principalmente Pitágoras -que, aunque nació en Samos (Jonia), se trasladó a Crotona- y los eleatas). Estos dos orígenes marcan también dos tendencias o dos tradiciones distintas: los primeros son, en general, más naturalistas, es decir, más preocupados, como hemos dicho, por el estudio de la NbF4H entendida desde la perspectiva de sus constituyentes materiales, mientras que los segundos son más especulativos y se ocupan de la NbF4H desde una perspectiva más formal (los números en el caso de los pitagóricos) u ontológica (el caso de Parménides). Algunos autores han señalado que sus referencias al pensamiento mítico anterior son el inicio de una vía de ruptura. Mientras los jónicos (en especial, los milesios) estarían más vinculados a la tradición mitológica olímpica, los itálicos estarían más relacionados con las corrientes mistéricas, como el orfismo o con las cosmogonías y teogonías rapsódicas de autores como Ferécides de Siro. Pero estas clasificaciones admiten muchos matices, ya que autores como Heráclito o Jenófanes son difícilmente clasificables en este grupo. Por otra parte, y aunque se sigue considerando, en general, a Tales como el fundador de la filosofía, no puede dejarse de lado el papel racionalizador de los mitos de autores anteriores, como Homero o Hesíodo.
Otro criterio que se ha propuesto divide a los presocráticos entre naturalistas (o físicos) y antropólogos. A su vez, los primeros se dividirían entre monistas (milesios, pitagóricos, Heráclito y los eleatas) y pluralistas (Empédocles, Anaxágoras y los atomistas) según acepten un único GDPZ(arkhé) o una pluralidad de principios explicativos. Entre los naturalistas estarían todos los primeros presocráticos, hasta los sofistas, que encarnarían el grupo de los pensadores marcados por un giro antropológico. Mientras los primeros se habrían ocupado fundamentalmente de la NbF4H, los segundos tratarían especialmente de los problemas relacionados con el hombre y la polis. Además, algunos autores tardíos, contemporáneos de Sócrates, pero ajenos al cambio conceptual operado por éste, habrían intentado retomar la tradición física milesia y elaborar un naturalismo ecléctico que sintetizase las especulaciones acerca de un único arkhé con las tradiciones pitagóricas y con el pensamiento de Anaxágoras. Entre estos autores destacaría Diógenes de Apolonia. Pero mejor que estas clasificaciones es abordar el estudio del pensamiento presocrático (que da por supuesto que el pensamiento de Sócrates es el que marca una gran inflexión conceptual) desde una perspectiva cronológica.
Desde este punto de vista señalamos que el origen de este pensamiento se situó en las colonias griegas de las costas de Asia Menor, en la región conocida como Jonia, y en la Magna Grecia (sur de la actual Italia).El primer movimiento filosófico conocido es el representado por los milesios o miembros de la llamada Escuela de Mileto, formada por Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Dichos autores (bajo una fuerte influencia del pensamiento matemático) formularon una de las bases del pensamiento racional del que es heredera la cultura occidental: la reducción de la diversidad y multiplicidad de la realidad, tal como es captada por los sentidos, a un único principio explicativo o GDPZ que es pensado por la razón. Además, prescindieron de la noción mítica de una realidad regulada por la libre y arbitraria voluntad de los dioses, y consideraron que lo existente está regulado por necesidad. Por ello es posible conocer lo real, ya que en caso de depender de la arbitrariedad de lo sobrenatural no tendría sentido la investigación de la naturaleza. Destaca la concepción ya altamente abstracta del a¢B,4D@< (ápeiron) de Anaximandro y el intento de Anaxímenes de reducir las diferencias cualitativas (caliente, frío, seco, húmedo...) a diferencias cuantitativas (capaces de ser expresadas matemáticamente). De esta manera crean las bases de la investigación racional, tanto filosófica como científica, y engendran la posibilidad de concebir lo existente como un i`F:@H (el orden), es decir, como una totalidad ordenada que puede ser aprehendida racionalmente.
La siguiente escuela filosófica fue la fundada por Pitágoras de Samos (isla griega situada también en las costas de Jonia), que se trasladó a la ciudad de Crotona, colonia griega de origen jonio situada al sur de la actual península italiana. Allí se rodeó de discípulos que siguieron sus enseñanzas y las desarrollaron originando el pitagorismo, una de las escuelas de pensamiento más influyentes y cuyos desarrollos más importantes son posteriores a la época del propio Pitágoras. Estas dos primeras escuelas situadas en dos regiones geográficas distintas (aunque ambas iniciadas originariamente en Jonia) marcaron dos tendencias fundamentales: la de Mileto siguió más bien una tendencia cosmológica y física; la pitagórica se inclinó más hacia el misticismo y hacia preocupaciones de índole matemática, política y religiosa. Heráclito de Éfeso (ciudad jónica) es una figura aparte, un autor cuya obra enigmática y altamente especulativa no creó escuela en su época, aunque influyó decisivamente en Platón y en los posteriores filósofos estoicos. Para él, el GDPZ explicativo de la NbF4H es el fuego. Pero entendido más en sentido figurado, como expresión del continuo cambio, y como expresión del 8`(@H. En Heráclito lo existente, que es concebido como una unidad de contrarios, aparece aprehensible bajo una auténtica ley, que es la que expresa la noción del fuego que, aunque continuamente cambiante, está regido por la ley del logos. Jenófanes, aunque originario de Colofón (ciudad jónica), se instaló, al igual que los pitagóricos, en la Magna Grecia. Siguiendo algunas orientaciones de este pensador surgió la escuela eleática o escuela de Elea (ciudad de la Magna Grecia), cuyos representantes fundamentales (Parménides de Elea, Zenón de Elea y Meliso de Samos) desarrollaron un vigoroso pensamiento, en parte contrapuesto al de Heráclito, y en pugna con algunas tesis pitagóricas, que también incidiría directamente en Platón. Mientras Jenófanes destaca por su abierta crítica al antropomorfismo de las creencias religiosas, Parménides destaca por llevar el pensamiento filosófico al terreno plenamente ontológico. Con ello Parménides radicaliza la oposición entre lo fenoménico, captado por los sentidos (múltiple, diverso y cambiante) y lo pensado por la razón .
Si nos situamos en el terreno ontológico plenamente abstracto se manifiesta que las cosas no son tal como nos las muestran los sentidos. Pero el carácter todavía poco desarrollado de este pensamiento indujo a Parménides a magnificar el pensamiento que nos ofrece la razón, opuesto a los datos sensoriales, para llegar incluso a negar valor alguno a éstos. No obstante, el discurso parmenídeo sobre el ser creó las bases del pensamiento deductivo, y formuló implícitamente los principios lógicos. Para afrontar el reto lanzado por los eleatas, de cuyo pensamiento parecía derivarse la imposibilidad de entender racionalmente la realidad fenoménica y el proceso del cambio, surgieron otros pensadores, como Empédocles de Agrigento y Anaxágoras de Clazomenes (primero de los filósofos que vivió en Atenas), agrupados bajo el nombre de pluralistas. Otros filósofos pluralistas fueron Leucipo y Demócrito de Abdera, fundadores del atomismo. De hecho, Demócrito ya era contemporáneo de Sócrates y de los sofistas, razón por la cual cronológicamente ya no debería situarse entre los presocráticos, aunque se le incluye en ellos porque todavía seguía las directrices generales que marcaron el pensamiento de éstos. Justamente por el hecho de que los sofistas se preocuparon más bien de problemas antropológicos, morales y políticos (el mismo tipo de problemas que ocuparon a Sócrates, aunque con una orientación bien distinta) y se separaron de la orientación fundamentalmente física y cosmológica del conjunto de los anteriores filósofos (incluido Demócrito), a veces no se clasifican como presocráticos.
A pesar de la simplificación que representa una clasificación general, el conjunto de los presocráticos, a pesar de las grandes diferencias que les separan entre sí, comparten muchos rasgos comunes: su preocupación por intentar captar, bajo la diversidad y multiplicidad de todo cuanto se nos ofrece ante nuestros sentidos, un principio explicativo de esta diversidad inteligible sólo por la razón; la preocupación, pues, por el cosmos (orden que rige todo cuanto existe) y la physis. En esta indagación no siguen ya las explicaciones míticas sino que, lejos de considerar que todo cuanto existe esté sometido a la libre y arbitraria voluntad de los dioses, piensan que debe haber algún o algunos principios racionales que actúan necesariamente y cuya regularidad pueda aprehenderse racionalmente. Al considerar esta cierta oposición entre la apariencia (múltiple, diversa y cambiante) que nos ofrecen los sentidos, y una realidad más profunda inteligible sólo por la razón, señalan el tránsito hacia una concepción del conocimiento que no debe basarse en lo particular, que es mutable y diverso, sino en lo universal. La manifestación más clara de esta oposición nos la ofrece el hecho mismo de que todas las cosas que se nos aparecen están sometidas al cambio o devenir, mientras que el conocimiento aspira a captar lo universal e inmutable. De ahí que uno de los problemas fundamentales a los que se enfrentaron fue el de estudiar este proceso del devenir: bien sea para afirmar que todo es un perpetuo cambio (Heráclito), bien sea para considerar que lo que es no puede admitir mutación, ya que cambiar es dejar de ser para llegar a ser, lo que es impensable (Parménides), o bien sea para afirmar una pluralidad de sustancias cuya combinación, regida por fuerzas de atracción y repulsión (Empédocles), por un <@u¢H (el noûs de Anaxágoras), o sometidas al azar y la necesidad (los atomistas), engendra todo cuanto existe. Puesto que bajo la apariencia de la diversidad que nos ofrecen los sentidos se esconde algún principio explicativo unificador racional, los primeros presocráticos intentaron hallarlo. Esta búsqueda de un GDPZ o “principio”, es la que guió a los filósofos de Mileto, que lo creyeron encontrar en el agua (Tales), en el a¢B,4D@< (ápeiron) o indeterminado (Anaximandro) o en el aire (Anaxímenes). Con ello iniciaban una investigación de la naturaleza de índole “material” (aunque este término no es muy adecuado, ya que la noción de lo material no existía en aquella época, y mucho menos como opuesta a algo “espiritual”). Los pitagóricos, en cambio, al intentar hallar un principio ordenador, que creyeron encontrar en el número, o en la oposición entre el límite y lo ilimitado, enfocaron la investigación desde un punto de vista formal. Las fuerzas de atracción (amor) y repulsión (odio o discordia) de las que hablaba Empédocles, pueden considerarse como la manifestación de una investigación que comenzaba a indagar causas eficientes, mientras que la idea de Anaxágoras, según la cual todo estaría dirigido a una finalidad organizada por el <@u¢H, incorpora una perspectiva finalista o teleológica que sería rechazada por los atomistas. De esta manera, el conjunto del pensamiento presocrático engendró las bases de todo el ulterior desarrollo de la filosofía y de la ciencia.
La preocupación por la physis, la indagación del ser, del devenir y del tiempo; la distinción entre apariencia sensorial y una realidad meramente inteligible, así como una inicial preocupación por temas morales (no tan desarrollada como las otras indagaciones, pero presente también entre los presocráticos como, por ejemplo, en Heráclito y los pitagóricos) son el conjunto de aportaciones fundamentales de estos pensadores.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
CORNFORD, F.M., Antes y después de Sócrates, Ariel, Barcelona 1980.
…………………., De la ciencia a la religión, Ariel, Barcelona 1984.
CORNFORD, F.M., La filosofía no escrita, Ariel, Barcelona 1974.
FARRINGTON, B., Ciencia y filosofía en la antigüedad, Ariel, Barcelona 1974.
FINLEY, M.I. Aspectos de la antigüedad, Ariel, Barcelona 1975.
FRANKFORT, H. El pensamiento prefilosófico, FCE, México 1954
GARCÍA CALVO, A., Lecturas presocráticas, Lucina, Madrid 1981.
GIGON, O., Los orígenes de la filosofía griega, Gredos, Madrid 1971.
GUTHRIE, W.K.C., Historia de la filosofía griega, Gredos, Madrid vol. I,1984; vol. II, 1986; vol. III, 1988.
JAEGER, W. La teología de los primeros filósofos griegos, FCE, Madrid- México 1977.
KIRK, G.S. Y RAVEN, J.E., Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid 1969.
KIRK, G.S., La naturaleza de los mitos griegos, Argos Vergara, Barcelona 1984.
LLANOS, A., Los presocráticos y sus fragmentos, Juárez, Buenos Aires 1969.
MONTERO, F., FERRER, F., MOYA, C., SUREDA, V., La filosofía presocrática, Universidad de Valencia 1976.
VERNANT, J.P., Mito y pensamiento en la Grecia antigua, Ariel, Barcelona 1983.
……………, Mito y sociedad en la Grecia antigua, Siglo XXI, Madrid 1982.
VIDAL-NAQUET, P., Formas de pensamiento y formas de sociedad en el mundo griego: el cazador negro, Península, Barcelona 1983.
